Vergüenza ajena, precisamente eso es lo que siento en este momento, mezclado con bastante cabreo por ver como la política del miedo triunfa en las empresas de este país. Las empresas han constatado que el miedo funciona y claro lo usan sin ningún reparo para conseguir sus objetivos empresariales que casi nunca coinciden con los objetivos de sus trabajadores, es más en demasiadas ocasiones son totalmente contrarios o en el mejor de los casos, no permiten que los trabajadores consigan sus objetivos personales. Las empresas no se dan cuenta, de que un trabajador contento es un trabajador productivo, o quizás si, pero les supone aprender una nueva forma de dirección, que si bien les reportaría muchos más beneficios que su actual política de atemorizar a los trabajadores, ven que les funciona y no les requiere ningún esfuerzo por su parte.
Pero lo que más me cabrea no es que las empresas utilicen esa política de atemorizar a los trabajadores, es la única forma en que han aprendido a trabajar, lo peor es la actitud de los trabajadores ante esta nueva clase de esclavitud, resignarse, no creerse dignos de un trato mejor, renunciar a su vida familiar como si fueran a heredar la empresa.
Yo personalmente era muchísimo más productivo cuando era feliz en mi trabajo, cuando la empresa no utilizaba el miedo como arma contra mi, a mi el miedo, no me motiva, sino todo lo contrario.
En fin, cada día soy más consciente de que si queremos cambiar algo, lo tenemos que hacer nosotros mismos, porque muy poca gente parece dispuesta a luchar por recuperar la dignidad de la que todos, sin excepción somos merecedores.