Hoy ha llovido en Madrid a base de bien y como no podía ser de otra forma la ciudad se ha colapsado, el caso es que yo he cogido el metro para volver a casa y cuando ha llegado a la primera estación se ha parado un tiempo estimado entre 10 y 15 minutos, esto es lo que ha dicho el conductor por megafonía del tren. Por otro lado la megafonía de metro decía que era un tiempo estimado en más de media hora, el caso es que al final en tren no se ha movido en unos 45 minutos, lo que me ha servido para avanzar en la lectura de mi libro. Cuando ya estaba empezando a pensar que los 15 minutos del conductor o la media hora de la megafonía se estaban estirando demasiado, de ahí el título, se han sentado en los sitios al rededor del mío unas chicas que al parecer solo se entendían a voces, por lo que he dejado de disfrutar de la lectura y el tiempo ha empezado a ir cada vez más lento. De pronto ha sonado el pitido del tren que anunciaba su salida, ¡por fin!, pero en la siguiente parada, de nuevo, el tiempo ha empezado a ir más lento, tanto que ahora los luminosos apoyados por la voz de la megafonía dice que vamos ha estar parados un tiempo estimado en más de dos horas. Al final he decidido salir a la superficie y seguir en autobús, y mientras esperaba en la parada he pensado que quizá no he perdido todo este tiempo en el metro, sino que lo he ganado, pues he avanzado más que ningún día en mi lectura diaria.