Estás son las propuestas de mínimos para una democracia real de Ignacio Escolar (www.escolar.net).
Las reproduzco aquí para darles difusión y por que me parece muy importante que se llegue a un consenso de mínimos para poder seguir avanzando hacia la democracia que queremos y no la que nos imponen los especuladores.

(dignas de ser leídas)

Una cosa es la Puerta del Sol y otra muy distinta el resto de la sociedad. Y si queremos que el enorme apoyo que ha generado la #spanishrevolution sobreviva y consiga resultados, es necesario distinguir entre el corto plazo y el largo plazo, entre las propuestas generales y las exigencias concretas. Por eso creo que hay que fijar algunas reivindicaciones básicas en las que todos, o casi todos, estemos de acuerdo: crear el marco para que la democracia mejore y no el programa electoral que más nos gustaría. Esta es mi aportación de mínimos para este debate abierto.

1. Reforma de la ley electoral. Que cada voto de cada ciudadano cuente igual, sin importar dónde viva y a quién vote. Sistema de listas abiertas para el Congreso de los Diputados. Que el Parlamento refleje la realidad de los resultados electorales, según esos “criterios de representación proporcional” que pide la Constitución Española en su artículo 68.

2. Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. No es tampoco ninguna utopía: España es uno de los cinco países de la UE que aún no garantiza este derecho, fundamental en cualquier democracia avanzada. Consiste en una ley que obligue a la administración a hacer públicos todos sus documentos, que permita a cualquier ciudadano acceder a los contratos, las adjudicaciones, los datos y las cuentas de cualquier institución pública. No es para curiosear: es una herramienta legal para que la sociedad pueda controlar cómo se gestiona el dinero de sus impuestos y así evitar abusos. El PSOE llevaba esta ley en su programa electoral de 2004 y 2008 y, como tantas otras promesas, también se aparcó.

3. Referéndum sobre el rescate a la banca. Que los ciudadanos puedan votar si quieren o no quieren que el dinero de sus impuestos se destine a rescatar a las entidades financieras insolventes. Hablamos de un gasto en España –por el momento– de cerca del dos por ciento de todo el producto interior bruto anual. Hay argumentos poderosísimos para defender tanto el sí como el no en un referéndum de este tipo, pero un gasto tan extraordinario no se puede decidir a espaldas de la sociedad. Además, la simple existencia de un debate así sería la mejor manera para promover, de forma efectiva, nuevas medidas de control de la banca.

4. Reforma de la ley de financiación de partidos y de la ley de la función pública. Cambiar los sistemas de control de estas organizaciones haciendo completamente transparentes los ingresos y los gastos de los partidos y permitiendo su fiscalización a través de organismos completamente independientes de su estructura. Que los políticos que accedan a la función pública presenten anualmente una declaración de ingresos y patrimonio. Que sea incompatible cobrar varios sueldos públicos, incluyéndose en esta definición de sueldo público los sueldos que pagan los propios partidos a sus dirigentes.

Es un consenso de mínimos. Yo soy antinuclear, defensor del Estado aconfesional, partidario de abolir la tauromaquia y contrario a la Ley Sinde. Pero me gustaría creer que de Sol pueda salir algo en lo que esté de acuerdo la mayoría más amplia de la sociedad, no sólo los que piensan como yo.

Mi propuesta, por supuesto, está abierta al debate: sólo la lanzo para quien la quiera recoger. Pero sinceramente creo que son cuatro medidas que, de forma efectiva y rápida, podrían mejorar verdaderamente nuestra democracia y evitar que este movimiento que ha tomado Sol se estrelle por querer pedir la Luna.