Hace cosa de un mes o poco más deje de tomar leche y cualquier otro derivado lácteo por consejo médico, no es que me siente mal ni nada parecido, es solo que cada vez se tienen más dudas sobre las bondades de la leche y los lácteos en la dieta adulta. El realidad ya hace un tiempo que me pase a la bebida de soja para sustituir pues no estaba nada convencido de sus “bondades”.

Buscando información sobre los beneficios o perjuicios de la leche he encontrado el siguiente artículo, que espero que sirva para sacar de dudas a quien aún las tenga.

¿Es mala la leche? por ANNE MARIE COLBIN
[Texto aparecido en la revista Integral nº 230, febrero de 1999]

Los seres humanos de ciertas culturas son los únicos que siguen bebiendo leche en edad adulta. Si bien la leche materna es indispensable en los primeros meses de vida, la de vaca plantea dudas sobre su bondad.

La respuesta a si los niños de cualquier edad deben tomar leche de vaca depende de la cultura, de la familia y del propio niño. La Comisión de Médicos para una Medicina Responsable de Estados Unidos, dirigida por el doctor Neal Barnard, advierte contra la costumbre prácticamente universal de dar leche de vaca pasteurizada y homogeneizada a los niños, por cuanto se asocia a diabetes juvenil, alergias y tendencia a la mucosidad. Frank Oski, uno de los médicos de este grupo y autor de Don’t Drink Your Milk («No te bebas la leche»), observa que en muchas culturas, normalmente a la edad del destete, se pierde el enzima de la lactasa, que ayuda a digerir la lactosa, o azúcar de la leche. Como consecuencia, las personas de ascendencia asiática, africana, malasia, filipina y los descendientes de los indios americanos suelen ser intolerantes a la lactosa y reaccionan a los productos lácteos con trastornos digestivos.

Como todos sabemos, las hembras de los mamíferos producen leche para alimentar a sus crías hasta que éstas puedan ingerir otros alimentos. Por lo tanto, la leche es el alimento perfecto para los bebés. Posteriormente, en todos los mamíferos, las crías son destetadas a la edad pertinente y no vuelven a tomar leche en su vida adulta. La excepción son algunos grupos de humanos, como los hindúes, los europeos y sus descendientes americanos, que pasan a consumir leche de vaca y de otros animales durante toda la vida. De Europa se exportó el consumo de leche y sus derivados a Estados Unidos, donde la industria la ha promocionado sin descanso. En cambio, un considerable número de culturas tradicionales del mundo no bebe leche: casi toda la población de Asia y África.

¿Qué papel ejerce como alimento?

La realidad es que la leche es un alimento completo: tiene la capacidad de alimentar a una cría completamente hasta que está preparada para ingerir otros nutrientes. Por eso, teóricamente no se necesita complementar la dieta con ningún otro alimento cuando se consume leche materna. Obviamente, no podemos nutrir a los niños en etapa de crecimiento con sólo este alimento. Pero añadir leche a una dieta que ya es equilibrada puede ser una sobrecarga. Yo tengo una teoría: el niño que bebe leche o come quesos y helados no suele tener apetito para tomar otros alimentos. Muchos padres se quejan de que a sus hijos no les gusta la verdura y, por eso, al menos intentan darles leche. Pero a los niños no les gustan las verduras precisamente porque toman productos lácteos. En realidad están haciendo una elección nutritiva muy racional, porque la leche son las verduras «pasadas» por la vaca. ¿Para qué tomarlas dos veces? He observado que los niños que no ingieren habitualmente productos lácteos suelen comer verduras con normalidad.

Pasteurización

La leche es estéril de forma natural cuando sale del pezón, pero en cuanto entra en contacto con el aire, las bacterias empiezan a propagarse rápidamente. La leche de vaca está pasteurizada, un proceso que mata las bacterias presentes hasta ese momento; lo que solemos olvidar es que todas esas bacterias siguen flotando en la leche y que nuevas bacterias vivas siguen proliferando poco después.

La pasteurización también destruye hasta un 50 % de la vitamina C presente en la leche. La homogeneización rompe los glóbulos grasos de la leche de modo que la grasa se extiende a todas partes: este proceso se ha asociado al endurecimiento de las arterias, un problema que en algunos casos empieza en el momento del nacimiento.

En España ahora se empiezan a añadir vitaminas a la leche (en Estados Unidos esta adición es sistemática). Las vitaminas A y D que se le añaden pueden causar los problemas asociados a la hipervitaminosis, ya que estas dos vitaminas solubles en grasa producen reacciones tóxicas cuando se ingieren en exceso. En realidad, la vitamina D favorece la calcificación y, en la leche, puede causar un grave daño en los riñones. Se han publicado centenares de artículos científicos demostrando los efectos perjudiciales de añadir vitamina D a la leche; entre estos efectos están las piedras de riñón y los cálculos urinarios, la hipercolesterolemia y el daño ocular.

¿Qué problemas tiene la leche?

La hipercalcemia idiopática de los niños -una enfermedad que apareció en los años cincuenta, precisamente cuando la leche empezó a enriquecerse con ergosterol irradiado- se caracteriza por niveles extremadamente altos de calcio en sangre, acompañados a menudo por un aumento de los niveles de colesterol en sangre. Sus consecuencias pueden incidir en retrasos mentales debidos a un desarrollo anormal de los huesos de la cabeza y de la cara; daños cardiacos y circulatorios irreversibles debido a la deposición de materia ósea en estos tejidos, y arteriosclerosis de la infancia, que puede comportar retraso mental de ligero a grave en etapas posteriores de la vida. Existen diversos documentos que prueban que esta enfermedad puede desarrollarse en el útero debido al suplemento materno con D-2.

Todos estos problemas hace años que se conocen, pero seguimos administrando esta sustancia a nuestros niños en un alimento que de forma natural no lo contiene en tanta cantidad. Un estudio del New England Journal of Medicine, que investigaba ocho casos de intoxicación por vitamina D en niños, estudió la leche de un productor y descubrió que la cantidad de vitamina D que contenía variaba «desde cantidades indetectables a 232,565 UI por litro». La dosis recomendada es de 400 UI por día, que es la cantidad permitida por litro. Otro estudio publicado en el mismo número de esa revista descubrió que siete de cada diez muestras de leche de fórmula infantil contenían más del 200% de la cantidad de vitamina D añadida declarada en la etiqueta; la muestra con la concentración más alta contenía el 419% de la cantidad etiquetada.

Las alergias a la leche -y sus productos derivados, aunque en menor medida- son muy habituales y comportan a menudo fatiga o problemas de comportamiento. El consumo de lácteos está relacionado con las mucosidades, los resfriados frecuentes, la bronquitis, las infecciones del oído, el exceso de peso, los trastornos digestivos e intestinales y las erupciones cutáneas. Además, empeora el asma y los trastornos respiratorios. La culpable de todo esto no es la grasa sino la proteína, así que los productos bajos en grasas o desnatados no son mucho mejores.

¿De dónde tomamos el calcio?

La respuesta a esta pregunta es bastante sencilla: del mismo lugar que las vacas, los caballos y los elefantes, que lo encuentran en el reino vegetal. Las verduras de hoja verde son una fuente excelente de calcio. Las recomendaciones diarias de calcio son de 800 mg para los adultos, aunque la Organización Mundial de la Salud considera que las poblaciones con niveles de ingesta de calcio de 400 mg por día no tienen deficiencias de este mineral, siempre que lo extraigan de fuentes animales y vegetales naturales. Otra fuente dietética de calcio, así como de otros minerales, son las féculas, los frutos secos, las verduras marinas y las semillas de sésamo. Si no se quieren eliminar de la dieta todos los lácteos, el consumo de queso y yogur asegura un aporte completo de calcio y suelen digerirse con más facilidad.

Los no vegetarianos pueden extraer el calcio del pescado, con espinas y todo, como sardinas y eperlanos y cangrejos de caparazón blando. Los caldos preparados con huesos y un poco de vinagre o vino (que extrae el calcio de esos huesos), son también una fuente tradicional de calcio.

Annemarie Colbin

Annemarie Colbin es la fundadora de la Natural Gourmet School/Institute for Food and Health en Nueva York. Es una columnista habitual de la revista Free Spirit y autora de “El poder curativo de los alimentos” (Robin Book), “The Book of Whole Meals” y “The Natural Gourmet” (en inglés). Su último libro, “Food and Our Bones” ha sido publicado recientemente por Dutton.