Ayer, 5 de marzo de 2013, Chávez murió, y no me alegra. No me alegra y tampoco me entristece. Mi conocimiento de Venezuela no va mucho más allá de mi admiración por su cocina, una pequeña adicción a la Frescolita y lo poco o mucho que me han contado amigos que han nacido y/o vivido allí.

El los medios de comunicación españoles se le ha demonizado, quizá con razón, pero si algo he aprendido es la poca o nula independencia informativa de dichos medios. A parte de lo tremendamente conservadores que son, incluso, los supuestamente de izquierdas.

Mucha gente esta hoy feliz con su muerte, y también mucha gente le llora.

No se sí su muerte servirá para acercar posturas tan distantes, como las de sus detractores y sus seguidores, pero sinceramente espero que así sea y que la violencia que parece que impera desde hace tiempo en Venezuela se desaparezca.