Agridulce

Llevo más de 5 años trabajando en la misma empresa, una empresa muy joven y dinámica, cuando nació claro.
Empecé allá por el 2001 de becario con muchísima ilusión y ganas de trabajar, mi primer proyecto fue un sistema de paginas personales, aprendí un montón de cosas, pase momentos buenos y momentos malos, la primera bronca del jefe es la que más duele, pero todo salio según lo previsto y al parecer mis jefes estaban muy contentos con mi trabajo, al menos eso fue lo que me dijeron. Por entonces los jefes acostumbraban a motivar a los empleados con palabras de agradecimiento cuando hacías tu trabajo, que por otra parte es por lo que nos pagan, pero nunca esta de más una palmadita en la espalda, es más ayuda muchísimo más que las fiestas de navidad con barra libre.
Después de este primer proyecto, trabaje en un sistema de correo web, fue muy duro, pues trabábamos contra-reloj, pero he de reconocer que esa fue la mejor época profesional que he vivido, programábamos módulos del servidor web, Apache, en lenguaje C, al principio no sabia ni por donde empezar, no tenía ni la menor idea de C, pero poco a poco le fui cogiendo el truco y al final disfrutaba de lo lindo cuando encontraba una forma de optimizar mi código.
Durante este tiempo trabaje en otros proyectos, digamos menores, pero que también me aportaron muchas cosas.
Un buen día mi jefe inmediatamente superior me ofreció lo que en aquel entonces me parecía una muy buena oportunidad profesional, dedicarme 100% a un proyecto de servicios a empresas, era el salto de un mundo donde solo había usuarios a los clientes, aquí había que tener más cuidado con los errores, los clientes pagan porque todo este bien. Empecé el proyecto con cierto miedo, era más responsabilidad de la que estaba acostumbrado y además en un lenguaje que casi no conocía y para variar con poco tiempo para entregar.
Aunque mi empresa comenzó como una puntocom pura y dura, con su portal generalista, sus servicios, sus portales especializados, etc, poco a poco empezó a meterse en el negocio de los ISP’s, el ISP se convirtió en el proyecto estrella de la compañía y todo lo demás empezó a importar muy poco, las palmadas en la espalda ya no llegaban nunca, yo allí estancado en mis servicios a empresas, viendo como compañeros del departamento de ISP eran premiados, y como otros eran destinados a tareas monótonas y repetitivas hasta hacerles perder la ilusión con la que empezaron.
La empresa empezó a dilapidar el dinero en proyectos condenados al fracaso desde el primer día y aún hoy sigue así, es una verdadera pena ver como la gente en los puestos de responsabilidad solo se preocupa de llenarse los bolsillos para irse de aquí antes de que todo se vaya al garete.
Compañeros cada vez más ambiciosos no dudan en pisarte el cuello con tal de ascender ante un jefe al que adulan y del que luego, a sus espaldas, desprecian e insultan. Todo esto en un ambiente de instituto en el que el más popular tiene que inventarse historias y destrozar a los más débiles para no perder esa posición de falso poder, pues sabe que en cuanto se descuide un puñal se clavará en su espalda de manos de su más intimo amigo.

4 Comentarios a “Agridulce”

  1. deivid dice:

    Desgraciadamente las empresas jóvenes y dinámicas se politizan hasta niveles insospechados. Yo viví aquella época; recuerdo cuando entré de becario y todo era un mundo abierto y lleno de posibilidades. Recuerdo todos y cada uno de los proyectos en los que he participado. Todos ellos me hicieron aprender mucho, hasta que por suerte o por desgracia, el destino me hizo aterrizar en el Dept. de ISP; “es el proyecto estrella de la compañía”, me decían para no hacerme perder la ilusión.

    Al principio lo llevé bien. Había mucha gente que como yo antes estaba en otros proyectos y ahora estaban destinados en esta guerra. Pero también fue justo la época en la que todo empezo a ir de mal en peor. Los “históricos” se fueron yendo uno trás otro. La gente realmente válida perdía las ganas y se iba por la puerta de atrás, con una patada en el culo claro está.

    Con unos jefes incompetentes y déspotas, el departamento vivió una época de anarquía. Todos hacíamos de todo y a la vez no solucionábamos nada. Pero pronto empezamos tuvimos un hilo de esperanza. Algunos empezábamos a tener voz, y parecía que las cosas funcionarían si nos esforzábamos. Pero pronto vimos como algunos también querían tener voto. Éstos empezaron a urdir tramas maquiavélicas, y despuntaron sobre el resto. Eran más graciosos, “listos” y se vendían que te cagas. He visto cómo personas que no han sacado un proyecto adelante, que todo lo que hacen fracasa y que se escusaban en los demás, ahora son mis jefes. Aquellos que no fuimos tan “listos” ahora estamos relegados en tareas de poco interés, lejos de cualquier información, allí donde no molestamos ni ponemos en peligro su posición. Eso sí, a estos graciosillo de mierda yo les metería una guindilla por el culo, a ver que tal se ríen.

    En fin, sólo espero que algún día el viento me lleve a otro puerto, en otro barco que no tenga la madera podrida y donde recobre las ganas de levantarme por las mañanas.

  2. mabarroso dice:

    No es momento de esperar ni lamentarse. Si no puedes mejorar la situación, ¡cámbiala! Ya sabéis como se juega. Si no os gusta el juego, dejadlo. Buscad otro curro donde os sintáis mejor.

  3. Fenix dice:

    Yo también he perdido los mejores años de mi vida en una empresa joven y dinámica, embarcado durante todo ese tiempo en proyectos que en su momento eran estrella y que al final quedaron en un patético y exiguo resultado. He vivido de todo, momentos buenos y momentos malos, los peores quizás fueron los despidos de muy buenos amigos que trabajaron conmigo desde el primer momento. Excepto contados casos en los comienzos de la empresa, todos esos patéticos proyectos tuvieron un denominador común: se disolvieron precisamente porque importaban más las luchas personales de esos graciosillos y sus parcelitas de poder que sacar el proyecto adelante y obtener el mejor resultado posible trabajando en equipo, sin ganadores ni perdedores. Es decir, lo que menos les importaba era el proyecto y la consecución del mismo. Es aquellos tiempos estas situaciones me quemaban sobremanera porque gran parte de mi vida era el trabajo, por eso ese tipo de cosas me llegaron a afectar personalmente, sintiéndome realmente hundido y diría que hasta deprimido.

    Una muy buena amiga, a la que cada vez aprecio más, me hizo cambiar el chip hace poco. Me dijo que “la vida es un soplido” y que hay que aprovecharla. Un trabajo es sólo un trabajo, es decir, el medio para poder vivir y pagar las facturas. Si en este no estás bien, buscas otro igual de bueno o igual de malo.

    Ahora sigo siendo uno más. Ocupo como siempre un puesto de come-marrones y esa es la etiqueta que me toca llevar mientras otros que fueron mis compañeros mandan y organizan y creen que han triunfado en su vida. Pero al verlos me dan pena, veo a gente vacía de espíritu que está perdiendo sus mejores años como yo los perdí en su momento. Todos tienen su ?pero?, unos no tienen tiempo para pareja, otros no tienen tiempo para hijos, o no tienen tiempo para pasarlo bien? Aunque ciegos, están viviendo el momento álgido de su trabajo como lo viví yo en su día, al tiempo que pierden el mejor momento de sus vidas siguiendo una quimera.

    Mi aliada es la experiencia, y ésta es sabiduría. Yo sé que el ciclo continúa inexorablemente y que si no cambian de trabajo simplemente acabarán ocupando sin pena ni gloria el puesto en el que estén, así que tampoco veo demasiadas diferencias, porque al final todos seguimos un mismo camino: te contratan, te involucras, lo das todo, te apoltronas, te despiden o te vas, y acabas pasando por mil sitios para acabar jubilado delante del televisor al cabo de muchos años.

    Sólo hay que sacar una conclusión: estés en un barco podrido u otro, dedícate a ti y a los tuyos, disfruta la vida y trabaja para vivir, no vivas para trabajar.

  4. deivid dice:

    amen

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